“Michel Foucault, en su seminario del 17 de abril de 1976, introdujo el término “biopoder”, entendido como el modo en que “el poder político se ejerce sobre el hombre en tanto ser viviente”.  El término “biopolítica” incluye en el discurso político un elemento diverso que es el bios. La seguridad, preocupación dominante en los tiempos de la globalización, tiende a preservar la seguridad a cualquier costo. En esta línea, la protección inmunitaria, que se presenta como el mecanismo que protege a la vida combatiendo aquello que la niega, es expresada de forma más acabada por la figura del phármakon, con su doble sentido intrínseco de medicina y veneno. Este mecanismo para conservar la vida termina negándola. Para Lacan, no hay comunidad de goce. La lógica inmunitaria tiende a hacer borrar el bios en el sentido de forma de vida, donde podemos situar lo pulsional. La lógica identitaria intenta nombrar los síntomas desde el discurso de la ciencia y del mercado, para borrarlos en su sentido y singularidad: tenemos así­ un mundo de anorexias, adictos, terroristas, bulimias, depresivos, panic attacks, nuevos nombres donde lo inmunitario excluye la diferencia”.

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